Léon es un hombre solitario que no trabaja en nada ni se relaciona con nadie. Sólo cuida a su madre enferma hasta que ella muere. Para romper su soledad, le gusta robar el correo de los vecinos, escuchar las conversaciones de la gente, seguir las idas y venidas de los viajeros en una pequeña estación de tren. Un día, Dolores, una española ruidosa, se instala en el vecindario y Léon fija en ella toda su atención.