Luis García Berlanga

Luis García Berlanga no ha muerto exactamente. Nadie muere del todo cuando su presencia se mantiene a través de su obra, de sus palabras hechas imágenes, de sus realizaciones concretas, de las historias que ha conseguido convertir en equipaje colectivo. Eso significa Berlanga para el Centro de Estudios Ciudad de la Luz. Fue el inspirador e impulsor de nuestra escuela de cine como centro universitario en torno al cine y a la industria audiovisual unida a los Estudios Cinematográficos más modernos de Europa. Su esfuerzo y persistencia ha convertido en realidad su sueño.

Luis García Berlanga no ha muerto. Los grandes maestros perduran en sus creaciones. Sus películas lo mantienen entre nosotros, sin límite, por encima del tiempo, porque es un cineasta genial, un narrador que nos sigue mostrando las verdades de nuestro reino de “vivos” y buscavidas esforzados, a través de personajes arquetípicos que siguen entre nosotros –aunque con una apariencia más modernizada-, a lo largo de una filmografía llena de aciertos que ha conseguido atravesar la barrera del tiempo, ese notario implacable para las obras artísticas. Esa pareja feliz (junto a Juan Antonio Bardem), Los jueves milagro, Plácido (que la censura impidió que se titulara “Ponga un pobre en su mesa”), El Verdugo (con su alegato contra la pena de muerte, un chapucero garrote vil mental frente a la tecnología de la silla eléctrica), Bienvenido Mister Marshall, Calabuch, Tamaño Natural, La Escopeta nacional… Son algunas obras maestras de la cinematografía española y universal, creadas en las peores condiciones (censura, intervencionismo franquista…) y sin salir de celtiberia. Contra viento y marea.

Con pasión por el cine. Valenciano nacido en 1921, cuando en 1947 se matriculó en la primera promoción del Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas, escribió un artículo en forma de carta donde decía: “Todos empiezan como tú, como yo; vendiendo el Álgebra de Segundo para poder ver a Marlene Dietrich dirigida por Sternberg; vendiendo el Álgebra de Cuarto para comprarse unos números de ‘Nuestro Cine” y vendiendo el Álgebra de Sexto…”

Luis García Berlanga es un cronista verdadero que, sin proponérselo y por pura coherencia narrativa, ha terminado por acuñar el término “berlanguiano” para definir una mirada coral, entre irónica y esperpéntica, de las actitudes hispanas, con sus monstruosidades de andar por casa y sus valores absurdos, mostrados sin moralismos y con la contundencia de una radiografía agridulce y certera. Una visión de la realidad que nos rodea capaz de congelar cualquier sonrisa hasta convertirla en mueca.

Solidaridad y ternura cargada de pasión ácida, mirada irónica hacia los poderosos y afectuosa hacia los humildes, Luis García Berlanga nos ofrece el retrato rotundo de una sociedad profundamente dividida, mezclando la sátira y una visión íntima y sentimental de la condición humana.

Aunque las crónicas aseguren que se ha marchado, Luis García Berlanga sigue con nosotros, en nuestra escuela de cine, como una referencia viva que ilumina nuestras emociones y nos hace jugar al jaquemate con el farero ajedrecista de Calabuch.

 

Mariano Sánchez Soler